ANÉCDOTAS DE LA LÍRICA PARTE I

ESAS COSILLAS QUE A VECES PASAN VOL.1

En esta ocasión vamos a hablar de anécdotas que, aunque parezca mentira, suceden en este mundo tan cuadriculado de La Lírica.

Empezaremos por una costumbre que se dio en España entre los años 1880 y 1885. Ante la primacía que había conseguido la Ópera, algunos  cantantes españoles se cambiaron sus apellidos utilizando por nombre artístico la italianización de los mismos, hoy ocurre en algunas ocasiones igual. Generalmente gente mediocre que pretende ganar con esta chorrada lo que no logra en los escenarios. Obviamente los nombres de  hoy no los daré, de esa manera alguno de ellos dirá “Mira igual que fulanito” Pero si mencionare a alguno de los de entonces. Entre otros:

Carolina Castelló, aparecía en los carteles como Castiglione; Bazán, como Bazzani; Adela Aymerich, como Aymeri; Anacleto Brunet, como Brunetti; Cayetano Ortiz, Ortisi; Rovira, Rubiratto; Pons, Ponsini, etc. Esta ridiculez inspiró a un cronista de la época este comentario:

Gutierrini y Pericini
son, aunque acaben en “ini”,
dos españoles cantantes,
que, si malos eran antes,
son ahora… “peorini”.

También los grandes Divos y Divas tienen deslices para enmarcar.

La grandísima María Callas, En el estreno de I Pruritani (Los Puritanos) de  Vicenzo Bellini en 1949. En lugar de cantar “Son vergin vezzosa” (Soy una virgen hermosa) no se le ocurrió otra cosa que decir, creen sus exégetas que por error, “Son vergin viziosa” (soy una virgen viciosa).  Quizás algún espectador primerizo llevado allí a la fuera pensó  – Esto de La Ópera no va a estar tan mal-  Pero para su desilusión la representación siguió normalmente y La Gran diva consiguió otro gran éxito.

También en nuestra Zarzuela se dan ejemplos de la categoría y el saber estar:

 

Esto sucedió entre nuestro grandísimo Barbieri, al que más pronto que tarde dedicaremos un par de artículos, y al casi tan genial Verdi. Que nadie se ofenda, como músicos para gustos los colores. Pero como importantes en la historia de la música de sus respectivos países me quedo con Barbieri.

Dicho lo anterior, sucedió que

 En 1863 Giuseppe Verdi vino a Madrid para supervisar la puesta en escena de su ópera La fuerza del destino, que tenía previsto su estreno en el Teatro Real el 21 de febrero. Barbieri tuvo a cortesía de visitarle dos veces a su alojamiento en Madrid que era la Casa de Castaldi, en la misma Plaza de Oriente. En ambas ocasiones el Sr. Verdi no estaba o no quiso estar. El caso es que nuestro Barbieri dejó constancia de sus visitas y recado de su interés en sendas notas. Pero Verdi se volvió a Italia sin ni siquiera un “ahí te quedas”.

Ma la strada è lunga (Pero el camino es largo) y cabe la posibilidad de volvere a encontrar.

 

En 1866, mientras componía el Don Carlos, Verdi  estaba buscando música española para ambientar mejor su partitura. El tenor Fraschini (Este acababa en ini porque era italiano  de verdad – Pavía 16 de febrero de 1816 – Nápoles, 23 de mayo de 1887) que está a punto de salir para Madrid, se ofrece a resolverle el problema porque es gran amigo de Barbieri, de quien se deshace en elogios ante Verdi.

Cuando el cantante encuentra al músico español y le cuenta la historia, Barbieri, según Martínez Olmedilla contesta:

 

         “Vea usted, querido Fraschini. Todo esto son partituras de bailes y piezas populares españolas de la época del Don Carlos. Hay zarabandas, chaconas, todo cuando haga falta y un poco más.

         ¡Admirable, magnífico, carísimo maestro! No necesito sino tres o cuatro, media docena a lo sumo, para que Verdi se inspire. Usted ya sabe que él tiene unas condiciones insuperables de asimilación. Le bastará para compenetrarse una simple lectura.

         Pues nada; le dice usted que tengo todo esto.

         Encantado, maestro.

         Pero que no se lo puedo proporcionar.

         ¿Cómo? ¿Por qué, carísimo Barbieri?

         Por una razón poderosísima.

         ¿Y es…?

         Que no me da la gana.

Frasquini creía no haber entendido.

         ¿Cómo dice?

    Que no me da la gana, sencillamente! Y esto no es una grosería, porque yo no estoy obligado a ser cortés con quien no tuvo para mí ni la más leve atención”

Que le den al italiano, con un par…….