ANÉCDOTAS DE LA LÍRICA. PARTE III

ESAS COSILLAS QUE A VECES PASAN…. III


Hola a todos:

Hoy vamos a continuar con esos imprevistos que suceden encima de los escenarios, o entre bambalinas, que en ocasiones no llegan al público.

Esto le pasó al mismísimo Wilhelm Richard Wagner (Leipzig, Reino de Sajonia, Confederación del Rin, 22 de mayo de 1813Venecia, Reino de Italia, 13 de febrero de 1883).

Como es bien conocido fue un entusiasta precursor de lo efectos especiales. Se estaba representando en  El Bayreuther Festspielhaus  (Teatro del Festival de Bayreuth) “Lohengrin”. Transcurre el tercer acto y los nobles se preparan bizarros para entrar en combate.  Lohengrin se despide y está presto  a marchar volando en el cisne en que ha venido. Es cisne acude raudo a la llamada de su señor pero……… falla el mecanismo y atraviesa el escenario de lado a lado sin detenerse. Lohengrin lo mira apenado y con mucha flema se dirige al público y les pregunta:

– ¿Alguien sabe cuando pasa el próximo cisne?

Como os lo cuento, ahí es na.

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De este suceso fue testigo un servidor, estaba esperando a comenzar mi clase mientras terminaba mi compañero. Un tenor spinto , spinto. (El término tenor lírico spinto denomina un matiz dentro del registro vocal del tenor. La palabra spinto indica que el tenor spinto produce un sonido fuerte y violento a través de una presión subglótica muy alta.) Perdón por la aclaración pero hay algunos lectores poco avezados .  Es caso es que mi compi, no paraba de dar voces. Con lo que tenía a mi Maestra, de genio muy vivo lo puedo garantizar. Vamos con una mala leche de aquí te espero. Sacudió dos acordes en  fortissimo y mirándole muy seria le dijo:

– Caballero creo que tiene usted un error de apreciación con el personaje de Carmen. Era puta no sorda, recuérdelo  para la próxima clase.

Toda una demostración de intenciones para que yo, que me tocaba entrar, empezase mi clase tranquilo.

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En los ensayos, más si son generales como es el caso, a veces los nervios nos hacen malas pasadas. Esto sucedió en un ensayo de La Bohème de Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini, (Lucca, 22 de diciembre de 1858Bruselas, 29 de noviembre de 1924).  La soprano, con la humildad característica, Se agarra un rebote y dice que no sigue con el ensayo. Portazo y se acabó. A pesar de que no había sustituta el director, otro prodigio de caridad cristiana, decide continuar con el ensayo. Imaginaros la papeleta para el resto del elenco de  continuar un ensayo general sin protagonista.

Por fin pasó lo que tenía que pasar:  Llega el último acto en el que tiene que entrar Mimi con su amiga Musseta llevándola  del brazo debido a la debilidad que padece por la tisis. Ante la expectación de como se iba a resolver el problema entra Musseta con el vestido de Mimi colgando de una percha y suelta tan campante:  

– “C’e Mimí, c’e Mimí che mi segue e che sta male” (Es Mimí, que viene conmigo y está muy mal).

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Hablando de La Bohéme. La estaba dirigiendo  Sir Thomas Beecham, la Pobre Mimí se estaba muriendo en su cama y la soprano no estaba dando la talla que requería el Director. Ante los continuos parones y llamadas de atención, la soprano, humilde; eso se sobreentiende, con esa vocecita que rompe copas le dijo:

– ¡Maestro! ‘No puede hacerse mejor en posición horizontal!

– Pues Señora – replicó el Sir – En esa posición he conseguido yo mis mejores éxitos.

Less wolves (Menos lobos), Sir. A ver si va a ser cierto lo de los fantasmas británicos.

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Esta no la puedo certificar por verdadera, aunque no me extrañaría:

Es sabido de la amistad que tenían Placido Domingo y  Luciano Pavarotti. Pero como es lógico tenías sus piques y pullitas y no precisamente por jugar al mus.

Coincidieron los dos Divos en el Aeropuerto J. F. Kennedy y se saludaron así:

LP: ¿Que tal Plácido? Ya era hora de que se te viera el pelo.

PD: Extraordinario, Luciano, vengo precisamente de dar un concierto en la Scala de Milán, con el teatro hasta arriba ni una butaca vacía y la actuación fue un auténtico éxito. ¡Extraordinaria!. Tuve que salir a saludar unas 35 veces, y una estatua de la Virgen María, que se encontraba a la derecha del escenario, lloró. ¿Y tú, Luciano? ¿Qué?

LP: No te  puedes imaginar, Plácido, lo que fue mi concierto aquí en New York. Canté como nunca había cantado. El Teatro a rebosar y  la gente, apasionada, aplaudía más y más. Tuve que salir a saludar 62 veces y, al final del concierto, se produjo un hecho increíble: desde una cruz tamaño natural que había al borde del escenario, se liberó Jesús y, viniendo hacia mí, me abrazó y me dijo: “Tú sí que cantas bien, no como ese otro tenorcillo que  hizo llorar a  mi Madre.”

Que por modestia no sea…………………..