La Auténtica Traviata I

Cuando planteé que esta semana iba a escribir sobre “La Traviata”, me dijeron:

“De la Traviata poco nuevo vas a poner y menos que atraiga a tu media docena de lectores”.

Verdad. Pero seguro que lo que voy a contar no lo conoce todo quisqui. Y lo de atraer o no, veremos……

Rose-Alphonsine Plessis, más conocida como  Marie Duplessis, vino al mundo en 1824, en Nonant-le-Pin, Orne.

Era hija de un buhonero. Que a su vez era hijo no reconocido de un sacerdote y una prostituta.

– ¡No jodas!

-Como te lo cuento.

Su madre Marie-Anne-Michelle, sin embargo, descendía de una familia noble venida a menos. Los Du Mesnil d´Argentelles, señores de Argentelles y Mesnil. Su fortuna ya tocada, desde principio el siglo XVIII, se acabó terminando con la Revolución francesa (Toma de La bastilla. 14 de Julio de 1789).

Así las cosas, Alphonsine y su hermana Delphine, pasaron su infancia en su pueblo, pasando más hambre que el perro del afilador, aquel que se comía las chispas por probar algo caliente, y de todo tipo de necesidades. Aguantando además el alcoholismo y la violencia de su padre. En el año de 1829 su madre, enferma, abandona su hogar y se va a servir a una amiga de su abuela Lady Yarborough. Ya no volvieron a verla, un año después moría de tuberculosis en la residencia de los  Yarborough a orillas del lago Lemán en Suiza. Su padre, que como hemos visto no era precisamente un dechado de virtudes, comenzó a prostituirla con solo doce años (año 1836).

No contento con eso, la puso a trabajar en un mesón en Exmes y luego en una fábrica de paraguas de Gacé. Hasta que por fin  en 1839 se la vende a una compañía de gitanos circenses y con ellos llega a Paris. No está muy documentado como se escapó de los gitanos, pero está claro según sus exegetas que trabajo en una tienda de verduras y en una lencería. Lo siguiente que se conoce es que en un baile conoció a un restaurador que trabajaba para la Galería Montpensier del Palais Royal  que este la tomo como “protegida” y la puso piso. A través de él llegó su entrada en el Gran Mundo.

– ¿Cómo?

– Pues le presentaron a Antoine Alfred Agénor de Guiche, quien más tarde sería Duque de Gramont, Príncipe de Bidache y Ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III. Como amante de nómina de un Duque, decidió cambiarse el nombre al más elegante de Marie y poner a su apellido el “Du” que vestía mucho. Mientras tanto el Duque, le puso a su disposición maestros de: Piano, danza, literatura, historia y protocolo. Pero poco dura la dicha en casa del pobre, aunque nuestra nueva Marie ya no lo era tanto, cuando los Gramont (recuérdese a los Germont de La Traviata, que cosas del azar) se enteraron de los amoríos de Antoñito con una lumi, le presionaron hasta que tuvo que abandonarla.

Como ya estaba introducida en la vida social de Paris abrió su corazón, y otras cosas que no vienen a cuento, a otros amiguitos. Eso si. Todos, conditio sine cua non, con el riñón bien forrado; que le presentaban en el elegantísimo Jockey Club de Paris. Del que era socia. Se le recuerdan : Ferdinand de Montguyon, Roger de Beauvoir, Henri de Contades, Olimpio Aguado, Adrien de Plancy, Pierre de Castellane o Eduardo Delessert. Que no está nada mal para una madamina de 17 años.

 

En 1841 conoce a François-Charles-Edouard Perregaux, Conde de Perregaux. La compra una mansión en Bougival donde pasan un verano. Allí empezaron a presentarse los síntomas de la tuberculosis y lo que era peor   hacerse patentes. Esto la llevó a Baden-Baden para tomar las aguas termales. Cuando vuelven a Paris, Parregaux está prácticamente arruinado de mantener los gustos de la mademoiselle. Vende la mansión y se marcha a Londres a intentar arreglar sus asuntos financieros.

En 1844 en el balneario de Bagnères-de-Luchon, entabla amistad con el embajador de Rusia en Francia, El Conde Gustav Ernst Von Stackelberg, que la toma como su protegida. Al parecer no la hizo su amante, tenía el buen hombre a la sazón más de setenta años, pero le recordaba a su hija. Muerta de tisis hacía poco, y la tomó bajo su protección. Fuera como fuera, la colmó de regalos y la instaló en un lujoso entresuelo en el Boulevard de la Madeleine,  allí  se “reunía” con la creme de la creme de la sociedad intelectual: Alexandre Dumas (padre), Alfred de Musset, Eugène Sue o Charles Dickens. Fue entonces cuando la empezaron a conocer como “La Divine Marie”. Era la cortesana mejor pagada de Paris y se gastaba más de 200.000 Francos de oro al año. No era raro verla pasear en un coupe azul por el Bois de Bologne, tirado por caballos de pura sangre, o comiendo en la prestigiosa Maison Doree. Pero lo más característico era verla en los palcos de los teatros con un ramo de camelias…..

– Igual de ahí viene el titulo.

– Digo yo que si.

La próxima semana sus amores con Dumas hijo y Liszt.