Las mujeres en la Lírica. Parte VI

Joan Sutherland

La Stupenda

Dame Joan Alston Sutherland(Sídney, Australia, 7 de noviembre de 1926 — Les Avents, cerca de Montreux, Suiza, 10 de octubre de 2010 )

Corría el año 1947 cantando debuta en  Sídney ya con un roll protagonista de Dido y Eneas  una ópera barroca compuesta por Henry Purcell. Continuó con el repertorio barroco siempre en papeles principales hasta 1954 que comienza a realizar papeles de más enjundia como Aída o Aghata e incluso canta La Antonia de los Cuentos de Hoffman (En los años setenta grabaría los cuatro papeles de la obra con el Tenor español Plácido Domingo).

Quizá habría que buscar el punto de inflexión en la Lucia de Lammermoor que realizó en Londres con una producción de franco Zeffirelli y dirigida por Tullio Serafín . Fue un éxito tan apabullante que se convirtió de la noche a la mañana en una diva, eso dicen sus exégetas que se olvidan de todo el trabajo hecho anteriormente, no se llega a cantar en Londres nada más que porque si.

Es posible que sea la gran descubridora de Luciano Pavarotti, con quien protagonizo entre los años 65/75 del siglo pasado partituras como: Lucia, La fille du regiment, Rigoletto, La Traviata y Turandot. En esta Turandot grabó el de Modena su primer Nessun Dorma. También fue mentora de la Mezzo Marilyn Horne con quien formaría dúo en Norma.

Entre otros galardones fue nombrada Dama del Imperio Británico, le concedieron la Orden Australiana al Mérito y en 2004 el premio Kennedy Center por su sobresaliente trabajo como cantante.

Después de una función de Alcina de Händel en el Teatro de la Fenice, de Venecia, en 1960, la apodaron “La Stupenda” y así se la conoció desde esa fecha.

Contrajo matrimonio con el director de orquesta Richard Bonynge el 16 de Octubre de 1956.

Fue grande hasta en su retiro año 1990, cuando se dio cuenta que ya no podía brillar de igual manera dijo ” No tengo más que añadir ” o “Se han reído durante treinta años de mi cara. Que no se rían de mi voz” .

El 10 de Octubre de 2010 a punto de cumplir los ochenta y cuatro años un paro cardio respiratorio ponía fin a una larga enfermedad en su retiro de Suiza.